Tenía curiosidad por conocer cómo se vive la situación de calle en un contexto cultural diferente. Quería viajar, estar en un lugar desconocido y, sinceramente, ponerme en situaciones que me hicieran sentir incómoda. Sabía que si me quedaba en casa, rodeada de todo lo conocido y cómodo, sólo podría crecer hasta cierto punto. Quería ver qué podía aprender al salir de eso.
Lo que no esperaba era que esta experiencia se convirtiera en algo mucho más grande que la situación de calle.
Durante estos meses tuve el privilegio de conocer a personas que me permitieron mirar más allá de las circunstancias que inicialmente vine a entender. Empecé a darme cuenta de lo fácil que es ver a alguien solamente por la situación en la que se encuentra. Alguien vive en la calle, alguien está pasando por la pobreza, alguien necesita un lugar donde dormir, alguien necesita comida. Todo eso es real y es importante. Pero no es todo lo que una persona es.
Hay mucho más allá de esa superficie.
Quería conocer sus canciones favoritas, los juegos que les gustan, sus hobbies, sus creencias, las cosas que los hacen reír, las cosas que los enojan y las cosas con las que sueñan. Y, más importante todavía, tuve la oportunidad no solo de preguntar sobre esas cosas, sino de quedarme en esos momentos con ellos. Cantar con ellos. Bailar con ellos. Reírme con ellos. Tomar café juntos y hablar de cosas que no tenían nada que ver con la situación de calle.
Esos momentos fueron algunos de los más importantes para mí porque ya no había una separación tan clara entre “personas con casa” y “personas sin casa”. Éramos simplemente personas compartiendo un espacio.
Esa idea se quedó conmigo.
También empecé a ser mucho más consciente del privilegio que tengo de poder venir acá. Tuve la posibilidad de elegir dejar mi casa, viajar al otro lado del mundo y sumergirme en un ambiente completamente diferente al mío. Pude elegir entrar en situaciones incómodas y después volver a una vida donde sabía que tenía un hogar esperándome. Para muchas de las personas que conocí, ese mismo ambiente no es algo de lo que simplemente pueden elegir salir.
Como tuve el privilegio de poder tomar esa decisión, ha sido uno de los mayores honores poder usarla para hacer algo más que simplemente estar en estos espacios. Quería sentirlos. Escuchar. Entender. Permitir que lo que estaba viendo y las personas que estaba conociendo también me cambiaran.
Y me cambiaron.
Vine acá con curiosidad por entender la situación de calle. Me voy con una comprensión mucho más profunda de las personas.
También me voy con preguntas. No creo tener respuestas para todo lo que me preguntaba cuando llegué, y tampoco creo que tenga que tenerlas. De hecho, creo que escuchar de verdad me dejó con todavía más preguntas. Pero creo que eso también es parte de escuchar de verdad. Empezás a darte cuenta de cuánto no sabés y de cuánto más hay para entender.
Sobre todo, me voy con un enorme agradecimiento por cada persona que tuve el honor de conocer. No les deseo más que lo mejor a cada uno de ellos, y espero que cada persona con la que compartí este tiempo sepa que su presencia, sus historias, su humor, su bondad y su fortaleza significaron mucho para mí.
El mundo quizás no siempre merece su bondad, pero la necesita.
Son un testimonio vivo de lo que significa tener fortaleza. Levantarse cada mañana y enfrentar una batalla sin saber si la van a ganar, y aun así levantarse. Pasar otro día, acostarse por la noche sabiendo que al día siguiente tendrán que hacerlo otra vez, y aun así volver a levantarse.
Hay algo increíblemente poderoso en eso.
El mundo, los gobiernos y las sociedades pueden quitarles sus hogares, sus recursos, sus oportunidades y muchas otras cosas que una persona debería poder tener. Hay tantas cosas que pueden ser quitadas de una persona sin su permiso. Pero espero que la esperanza y la resiliencia nunca sean una de ellas. Son cosas que nunca deberían serles quitadas.
Porque la esperanza es poderosa.
Y tuve el privilegio de ver lo poderosa que puede ser.
Esta experiencia se va a quedar conmigo mucho más allá de mi tiempo en Argentina. Se convirtió en algo mucho más grande que el papel que yo pensaba que iba a asumir cuando llegué. Vine queriendo entender la situación de calle en otra parte del mundo. Me voy habiendo aprendido, de muchas maneras, lo que significa simplemente ver a las personas como personas.
Y si hay algo que espero poder devolverles a las personas que me dieron tanto, es esto:
El mundo necesita más de su esperanza.