Voluntariado: un proceso de aprendizaje

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Algunas reflexiones en torno al voluntariado entendido como un proceso de aprendizaje desde la perspectiva de la Pedagogía Crítica de la mano de Abi, nuestra coordinadora.

Aprender en la praxis: un concepto clave de la pedagogía crítica. Para saber, hay que hacer. Según Paulo Freire (Brasil, 1921 - 1997), uno de los fundadores de las pedagogías liberadoras, los sujetos enseñamos y aprendemos desde nuestra íntima relación con el mundo, y nuestro impulso vital de conocer parte de la premisa de entendernos como sujetos inacabados, incompletos, que buscan ser más. Desde mi perspectiva, lejos de comprendernos como sujetos vacíos (al estilo de la educación tradicional, que nos impone conocimientos pre-seteados que buscan “llenar” nuestras mentes aún “ignorantes”) lo que esta idea nos propone es sabernos sujetos colectivos… Nos invita a pensarnos como parte de algo que está más allá de nuestra individualidad ¿Somos individuos únicos e irrepetibles? Sí, pero podemos ser nuestro propio yo, porque allí están los otros y las otras para ser con nosotros. Somos eslabones en una cadena de colectividades y afectaciones donde cada une de nosotres existe a la vez en relación y contraposición a los otros. Yo soy, porque los otros y las otras también son. La otredad es la diferencia, lo que yo no soy, pero que a la vez permite y crea el espacio para que yo sea. La suma de todas estas otredades, de todas estas diferencias, es la comunidad. Y dentro de la comunidad, el conocimiento se traduce en experiencia. En palabras de Freire: "Todos sabemos algo, todos ignoramos algo. Por eso aprendemos siempre".

 

Este concepto básico de la pedagogía freireana para mí es maravilloso porque nos abre la puerta a la idea de que para estar bien, necesito del bienestar de los demás. Si yo soy porque los otros son, yo voy a estar bien cuando todos podamos estar bien. La justicia social cobra una identidad propia que nos envuelve a todos, todas, todes en un mismo manto y nos empuja a un mismo horizonte. Y los saberes, desde esta misma perspectiva, dejan de ser contenido para convertirse en experiencias: experiencias que, inevitablemente, compartimos con otros, otras, otres.

 

Entonces ¿cómo se inserta dentro de esta concepción de la educación (y me atrevo a decir: del mundo) el voluntariado entendido como un proceso de aprendizaje? Para ilustrar esta idea, voy a tomar parte de la devolución de uno de nuestros voluntarios más recientes. Sobre su experiencia en un comedor comunitario, en su reunión final, nos dijo que realmente vino sin saber muy bien qué esperar, porque tampoco tenía muy claro el concepto de voluntariado. Sabía que quería hacer algo distinto, algo con más sentido que significado, y que en principio no tenía más expectativas. La diferencia que hizo entre esos dos conceptos fue un poco confusa al principio, pero a medida que siguió explayándose encontró una profunda claridad en la lectura que hicimos luego con el equipo de su devolución. A pesar del poco tiempo que pasó en el lugar, sintió que comprendió que significaba ser un voluntario: cuando se iba del proyecto se iba con la sensación incómoda de que él estaba de paso, porque era muy claro que su aporte era muy limitado en relación al trabajo que ya hacían y continuarían haciendo allí. Para él era claro que antes de que él llegara y cuando él se iba, el trabajo seguía, con o sin él ahí. Esa sensación incómoda que relataba, era para él la prueba de que si intentabas realizar trabajo voluntario por gratificación personal, para sentirte importante, o sentir que estabas haciendo la diferencia no tenía ningún sentido, porque justamente era efímera su presencia y su aporte dentro del espacio, pero que eso no hacía menos valiosa la experiencia: se abrió a compartir y recibir lo que su tiempo allí le permitió y aprendió cosas que jamás habría podido aprender en otro contexto. Y se fue transformado, con una visión del mundo más grande, renovada. En sus palabras, para mí hermosas: él aprendió a ser un voluntario siéndolo. Para aprender, tuvo que hacer. Así, la diferencia que marcó entre significado y sentido tuvo más lógica que nunca: el significado cobra una importancia personal, algo tiene significado para mí como individuo, independientemente del resto. Cuando las cosas otorgan sentido, lo hacen de una forma mucho más compleja, mucho más global. El significado, entonces, era gratificación personal, el sentido implicaba lo colectivo, involucraba necesariamente a les otres.

 

¿Podemos cambiar el mundo siendo voluntarios? No lo creo. Pero podemos cambiar nosotros. Podemos ampliar nuestra visión del mundo, podemos conocer otras realidades, escuchar otras voces y otras historias a las que escuchamos en nuestros lugares de origen, y podemos aprender. Podemos transformarnos, dejarnos atravesar. Y así, paso a paso, comenzar a fortalecer cada eslabón de la cadena. Por eso nos invito, les invito, a siempre buscar ser más, a seguir forjando comunidad.

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